Cuestiones técnicas importantes que debes saber sobre este plan de carrera desde cero
Te habrás dado cuenta de que este plan de entrenamiento específico para corredores “novatos” es una combinación de caminatas con trotes. A medida que van pasando las primeras semanas se reducen las caminatas para incrementar el tiempo de carrera continuada. Es importante que cada semana realices un mínimo de unas 2-3 sesiones de ejercicio. Si te ves con ganas, fuerzas y energía, puedes incluso añadir un día más de sesión. Eso sí, esta sesión siempre será una repetición de la primera de la semana, no una nueva.
Tan bueno es poder incrementar el número de sesiones a la semana como el descanso entre sesión y sesión. Recuerda que entre cada una de ellas tendrás que estar tranquilo y realizar otro tipo de actividad física que no sea correr.
Al pasar del trote a la carrera en sí intenta utilizar un monitor de ritmo cardíaco, por ejemplo un reloj deportivo, para que sepas en todo momento cuál es tu nivel aeróbico y tu máximo ritmo cardíaco. Aquí, lo fundamental es que seas capaz de correr durante unos 40 minutos seguidos de carrera continua, la velocidad a la que corras es indiferente. Ya habrá tiempo de mejorar esta parte con otro tipo de sesiones y entrenamientos. ¡Haznos caso!
En esta primera fase, lo más importante no es la velocidad, sino la intensidad, es decir, entrenar en una zona aeróbica cómoda y sostenible para ti. Una herramienta muy sencilla y útil para conocer esto es la escala RPE (Rate of Perceived Exertion) o, también conocida, escala de percepción de esfuerzo. Para que lo puedas entender, esta escala se trata de un sistema subjetivo del 1 al 10 donde 1 equivale a un esfuerzo mínimo, por ejemplo caminar sin dificultad, y 10 como esfuerzo máximo, es decir, correr a todo sprint.
Para ti que eres principiante, te diremos que la intensidad de las sesiones de trote durante estas primeras 10 semanas de entrenamiento debería ser en torno al 1-3 o, como mucho, poder llegar a ese 4 sobre 10. Esto significa que deberías poder mantener una conversación en todo momento de tu carrera sin sentir que te falta el aire, poder respirar de forma controlada y ser capaz de acabar tu entrenamiento sin esa sensación de agotamiento extremo. Un buen truco para poder controlar esto sin ayuda de un pulsómetro es la “prueba del habla”, si eres capaz de poder mantener una conversación mientras corres, es que estás en esta zona adecuada. ¡Pruébalo!
Ahora bien, ¿por qué es tan importante conocer y seguir este RPE? La respuesta es muy sencilla: entrenar en intensidades suaves es la forma más efectiva de poder construir una base aeróbica sólida, donde podrás mejorar tu eficiencia cardiovascular y muscular, y ser capaz de reducir el riesgo de sufrir lesiones o una sobrecarga temprana. Algo bastante más habitual de lo que puedes llegar a creer. Y es que, recuerda que no hace falta sufrir para progresar, ya que lo más importante es ser constante para poder mejorar. ¡Te lo aseguramos!
Por supuesto, no olvides que tanto antes como después de cada sesión hay que realizar estiramientos y ejercicios específicos de movilidad articular.
Antes de comenzar a correr, lo que necesitas es activar todo tu cuerpo, elevando así la temperatura muscular, mejorando la movilidad articular y preparando la musculatura que vas a utilizar a posteriori. Nuestra recomendación son unos 5 minutos de caminata activa o un trote muy suave para ir elevando tu frecuencia cardíaca junto a una serie de estiramientos dinámicos. Movimientos controlados y fluidos que puedan mejorar tu movilidad sin bloquear tus músculos. Nos referimos a sencillos balanceos de piernas, círculos de tobillos, elevaciones de rodillas, skipping o giros de cadera. A estos se pueden sumar otros como ejercicios con los que puedas preparar tus rodillas, tobillos y caderas, fundamental para tu carrera.
Tras la carrera, tu objetivo principal será volver a la calma y favorecer tu rápida recuperación. Aquí, nuestra recomendación es una caminata suave de unos 3-5 minutos para bajar tu frecuencia cardíaca. Justo después comienza con los estiramientos estáticos y sostenidos durante unos 20-30 segundos en cuádriceps, isquios, glúteos, gemelos o la zona lumbar. Y, por último, recuerda trabajar la respiración para así ayudar a tu sistema nervioso a volver de nuevo a su estado de relajación. Si sigues estos consejos, te aseguramos que reducirás con creces tu rigidez muscular y podrás mejorar tu flexibilidad.